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“SEIS DÉCADAS HACIENDO INDUSTRIA, Y VENDIENDO TECNOLOGÍA AL MUNDO DESDE EL LEJANO SUR SANTAFECINO”

  • Foto del escritor: SGA - JAO
    SGA - JAO
  • 8 oct 2019
  • 7 Min. de lectura

Los orígenes


Roque Vassalli, mi abuelo, nació en 1915, cerca de Cañada del Ucle,

Provincia de Santa Fe. Creció en un paraje rural, junto a una estación de

ferrocarril rodeada de galpones de almacenaje de cereal. Su padre, Don Rafael,

ya era metalúrgico. En un galpón del campo que arrendaba su padre, puso una

fragua, una bigornia y una piedra a pedal para afilar rejas de arado. Roque se crió

entre los fierros de aquella pequeña herrería rural, donde comenzó a adquirir el

oficio.

A los doce años, entró como aprendiz de mecánico en un almacén de ramos

generales. A los diecisiete, abrió su propio taller mecánico de automóviles.

Roque hizo el servicio militar en la Fuerza Aérea, donde siguió aprendiendo

sobre motores. A los diecinueve, conoció a Españita, con quien contrajo

matrimonio.

Con viejos motores de Ford T, empezó a fabricar grupos electrógenos para

chacareros. Tiempo después, comenzó a reformar las viejas trilladoras Deering y

McCormick, aligerándolas para adaptarlas al campo argentino.

Él mismo diseñaba cada elemento, compraba los materiales, calculaba los

costos, soldaba, torneaba y pintaba. Mi abuelo era un hombre de ingenio. Hasta

llegó a fabricar una cosechadora con un montón de chapas que, en otros tiempos,

se habían utilizado como barreras para langostas.


El nacimiento de una historia industrial


En el ‘49, los Vassalli se radicaron en Firmat, una ciudad santafecina de cinco

mil habitantes, a unos cien kilómetros de Rosario. Allí había algunas condiciones

favorables para el desarrollo industrial, como una estación de ferrocarril y

provisión de energía eléctrica todo el día. Don Roque levantó un galpón de 600

metros cuadrados a la vera de la ruta 33. Él mismo dirigió al albañil que hizo la

construcción. Así nacía Establecimiento Metalúrgico Vassalli.

El taller comenzó creciendo lentamente. Mi abuelo tuvo que formar a los

obreros de una ciudad sin tradición industrial. Como en el ‘51, hubo escasez de

braceros para cosechar maíz, el gobierno envió a conscriptos para que ayudasen en

las tareas. En aquel contexto, Roque descubrió una oportunidad agro-industrial.

Diseñó un artefacto para acoplar una plataforma a la trilladora de trigo, de

modo que también pudiera utilizarse para cosechar maíz.

En el ‘54, recibió un radiograma del Ministerio de Agricultura que le

solicitaba 250 equipos anuales. ¡Pero su capacidad de producción apenas llegaba

a 35! Por orden del gobierno, el Banco Industrial de Rosario le otorgó un crédito

para ampliar la escala de producción. Tras un cambio societario, la empresa

quedó constituida como Roque Vassalli S.A.

Mi abuelo compró una avioneta Cessna 140 para desplazarse rápidamente

por los campos de la provincia, haciendo el servicio técnico a sus máquinas.

Hasta diseñó un paracaídas para dejar caer la pieza de repuesto en el campo, en

los casos en que no se necesitaba mecánico.


La Súper Vassalli


A medida que la empresa despegaba, gracias a las ventas de las cosechadoras

reformadas, mi abuelo comenzaba a desarrollar el producto que consolidaría el

crecimiento del proyecto: la Súper Vassalli. Fue la primera máquina integral de

recolección y combinaba las funciones de corte y trilla.

La empresa fue creciendo a medida que se lanzaban nuevas innovaciones

técnicas. Cada año y medio, Vassalli ofrecía al productor una nueva alternativa

de equipamiento, con mayores rendimientos y menores costos operativos.

Mi abuelo se dedicaba personalmente al proceso de desarrollo y prueba de las

máquinas, aspirando a una máxima calidad en cada una de ellas, siguiendo dos

premisas que nos acompañaron a lo largo de toda nuestra historia: practicidad y

economía para el productor.


La experiencia brasileña


En 1955, Vassalli realizó sus primeras exportaciones a Brasil y Uruguay.

Aquellas ventas fueron una primera experiencia de lo que más adelante sería el

proceso de internacionalización de la empresa.

En 1965, Roque fundó Vassalli S.A. Máquinas Agrícolas en Brasil, donde

prácticamente no existía una industria de cosechadoras. Era la oportunidad de explotar un mercado casi virgen. En aquella planta, se empezó ensamblando las

máquinas que llegaban en partes desde Firmat. Luego, empezó la fabricación.

La filial brasileña fue importante para superar las dificultades económicas de

la década del ‘70. En los años de Martínez de Hoz, mientras la Argentina sufría

una avalancha de productos importados, el mercado brasileño equilibraba la

balanza.

Aquella fábrica llegó a tener 600 operarios. Aunque, en los años que siguieron,

el gobierno brasileño puso en marcha una política de apoyo a las multinacionales.

Como era difícil competir contra esos gigantes, mi abuelo vendió la planta de

Brasil y volvió a concentrar las fuerzas en la producción argentina de Firmat.


La tercera generación


Nací en Firmat, en 1965, ya en un hogar de tradición metalúrgica. A los

cinco años, mi abuelo me llevaba de la mano a recorrer la fábrica. Conocí de

muy chica la desgracia de perder a mis padres. Fueron mis abuelos quienes se

ocuparon de mi educación. Durante mi infancia y juventud, yo ya cargaba con

un apellido que era sinónimo de maquinaria agrícola.

Empecé a colaborar en la empresa a fines de la década del ‘80. Trabajando

codo a codo con mi abuelo, fui aprendiendo el funcionamiento de las distintas

áreas y asumiendo mayores responsabilidades.

En el ‘89, mi abuelo vendió Roque Vassalli S.A. al grupo Koner Salgado, y

siguió operando Vassalli Fabril S.A., una firma que hasta ese momento producía las plataformas y otros componentes para las cosechadoras. Desde allí, mi abuelo

siguió innovando, y lanzó al mercado la nueva cosechadora Don Roque.

Mi abuelo trabajó hasta su último suspiro. Su fallecimiento, en 1997, ponía

punto final a una brillante trayectoria construida a base de esfuerzo y creatividad.

Yo, que apenas superaba los treinta años de edad, cargaba con la responsabilidad

de continuar con la obra de una leyenda de la industria nacional.


La crisis


Me tocó asumir la dirección de la fábrica en circunstancias difíciles. La

recesión comenzaba a sentirse, y la Argentina se encaminaba hacia una crisis

tremenda.

El año 2001 fue desesperante, tanto para Vassalli Fabril como para Firmat.

Cuando uno caminaba por el pueblo, veía a los establecimientos pequeños que

cerraban sus puertas. No vendíamos prácticamente nada, y nos costaba mucho

sostener a nuestro plantel de 190 personas. Aunque no queríamos despedir a

nadie, ya que sentíamos una responsabilidad por nuestra gente. Es que 190

familias son mucho para un pueblo de 25.000 habitantes.

Fueron días muy tristes, con las persianas bajas, y aguantando como

podíamos. Si salimos adelante fue, en gran medida, por el apoyo de la gente.

Todos los días hablábamos con nuestros colaboradores para ver cómo podíamos

resolver nuestros problemas comunes. Todos hicimos un enorme sacrificio para

salir adelante, en medio de un escenario muy triste.


Vassalli Fabril S.A., hoy


A la salida de la crisis, el panorama era desolador. En la década del ‘80, la

Argentina tenía más de veinte fábricas de cosechadoras. En los ‘90, muchas

empezaron a cerrar sus puertas. Después del 2001, quedamos sólo nosotros. La

crisis incluso había llevado a la quiebra a Roque Vassalli S.A. Así que, en 2003,

recuperamos la empresa a través de una licitación, y volvimos a emplear a la

gente que se había quedado sin trabajo por la quiebra.

Actualmente, todo el grupo lleva el nombre de Vassalli Fabril y sigue

radicado en Firmat. Tenemos un plantel de 620 personas en tres plantas, con

una superficie de unos 50.000 metros cuadrados cubiertos.

Siempre nos mantenemos fieles a la cultura de innovación continua que

nos legó Don Roque. La clave para seguir vigentes es apostar por la innovación



tecnológica. El cambio es muy rápido en nuestro rubro. Quedarse quieto es

desaparecer del mercado. Nuestras máquinas son desarrolladas y probadas en el

mismo campo donde las usan nuestros clientes. No traemos soluciones de afuera

y las adaptamos. Nuestros productos son desarrollados específicamente para las

necesidades del productor argentino.

Nuestra experiencia en la fabricación de cosechadoras nos ha convertido en

referentes dentro de la región. Hemos logrado explotar grandes oportunidades

externas. Hoy, exportamos un treinta por ciento de nuestra producción, sobre

todo, a distintos mercados de América Latina. Aunque también tenemos ventas

a Europa y Sur de África.


Gremialismo empresario


Mi abuelo tenía una mentalidad marcadamente industrialista. Siempre

insistió en la importancia de que los empresarios se unieran para defender los

intereses de la producción nacional. Roque fue uno de los fundadores de la Cámara Argentina de Fabricantes de Maquinaria Agrícola (CAFMA). Él no

acostumbraba ir a las reuniones. Lo que le gustaba era estar en la fábrica. Pero

siempre tuvo clara la necesidad de participar. Cuando se lo necesitaba, ahí

estaba.

Yo he intentado seguir con su legado. Nuestra empresa sigue activa en

CAFMA. Es importante participar, y discutir asuntos de interés común para

todos los industriales del rubro.

Además de las actividades gremiales, mi abuelo fue una persona muy

involucrada en la comunidad. Fue intendente de Firmat por muchos años, y

apoyó a muchas instituciones de bien público, vinculadas con el arte, con la

salud y la educación. También fue presidente del Club Atlético Argentino, el

más importante de Firmat.

A través de la fundación Roque Vassalli, yo he intentado seguir por este

camino de ayuda al prójimo. Apoyamos al hospital, el geriátrico, una escuelita

y un refugio de animales. Para nosotros, es muy importante mantener todo eso.

Le dedico gran parte de mi tiempo libre. Es algo que me hace muy bien.


El legado


Estoy casada con José, quien trabaja en la fábrica conmigo. Yo soy presidenta

de la empresa. Como muchos metalúrgicos, tengo la pasión del automovilismo.

Siempre hemos apoyado esta actividad e incluso corrí muchos años como

copiloto.

No es sencillo llevar el apellido Vassalli, por todo lo que representó mi

abuelo en el rubro de la maquinaria agrícola. Pero amo lo que hago y lo hago

con pasión. La industria es algo que llevo en la sangre, y es un enorme orgullo

ser la continuadora de esta historia de producción. Somos la única fábrica

de cosechadoras que quedó en pie, una empresa de capitales 100 por ciento

nacionales.

Cargamos con la enorme responsabilidad de hacer industria en un pueblo de

sólo 25.000 habitantes. Nuestros obreros no son números. Son gente que nos

cruzamos en el club y en la calle. Sabemos que, en gran medida, el bienestar del

pueblo depende de nosotros.

En 2007, cumplimos nuestros primeros sesenta años. Seis décadas haciendo

industria, creando riqueza para el país y vendiendo tecnología al mundo desde

el lejano sur santafecino.


Por Mariana Rossi Vassalli

 
 
 

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